En el presente trabajo, a través de la revisión del contexto histórico del Perú se pretende explicar la crisis de los partidos políticos evidenciada a partir del año 1990 y el surgimiento de la figura del outsider como el gran protagonista de las últimas contiendas electorales. Para efectos de este texto, primero se abordará el contexto político de la década de los ochenta en el país, periodo conocido como la “década perdida” de América Latina y donde el Perú experimentó una especie de primavera democrática luego de un gobierno militar nacionalista que duró hasta el autogolpe de 1992. Luego de explicar este periodo, se continuará con la década de los noventa donde se abordará las elecciones de ese año y el surgimiento de llamado tsunami Fujimori. Por último, luego de este breve repaso histórico, se intentará ofrecer una explicación a la crisis de los partidos políticos en el Perú y por qué perdura hasta la actualidad.
En la década de los ochenta en el Perú se vivían dos grandes problemas que calaron en la sociedad. Estos problemas se constituyeron como los principales temas del acontecer político y que aún son parte del debate nacional en la actualidad. Por un lado, se ubica el surgimiento del grupo subversivo Sendero Luminoso, cuyo propósito era lograr una revolución en el país, revolución que pretendía invertir la estructura de poder, es decir acabar con la burguesía dirigente y que, en su lugar, el pueblo se encargue de dicho rol. Para tal fin, los miembros de Sendero Luminoso no dudaron en emplear medios violentos que generen terror en la población, y de esta forma intentar que la ciudadanía, pero también el Estado, caigan ante sus propuestas y, de estar forma, establecerse en el poder. Si bien este grupo armado comenzó sus operaciones en 1980 con la quema de las ánforas electorales en Chuschi, no fue hasta la IV etapa (1989 - 1992) identificada por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) del conflicto armado donde la ofensiva subversiva y la contraofensiva estatal llegaron a sus máximos niveles de violencia. Esto generó una constante incertidumbre en la población respecto a su seguridad.
Al mismo tiempo que Sendero Luminoso se expandía en el interior del país, otro gran problema al que se enfrentaba en la década de los ochenta eran los altos índices de inflación nacional. Situación que se volvió incontrolable debido a que el gobierno entró en una especie de circulo vicioso debido a que intentaba resolver la inflación con la inyección de más dinero en el mercado, con la que buscaba aumentar los ingresos de la población para que accedan a los productos y servicios necesarios; sin embargo, al final generaban que los precios aumenten aún más. Pero esta no fue la única medida, sino que ante el incremento de los precios de manera constante, el gobierno impuso una serie de precios fijos a los productos de mayor demanda. Esta medida terminó generando todo lo contrario, debido a que se generó de manera paralela al mercado oficial uno que no lo era, conocido comúnmente como “mercado negro”. En este, los precios eran altamente superiores a los establecidos por el gobierno. En los últimos años de la década de 1980, casi al fin del gobierno de Alan García, la inflación llegó a la cifra de 7000 por ciento. Tan criticada fue la gestión de García, llegando al punto que su mensaje de despedida ante el Congreso fue interrumpido por pifias de los parlamentarios opositores.
Es en este contexto donde se va “germinando” la crisis del sistema de partidos políticos, el cual colapsa a finales de la década de 1980 y comienzos de la siguiente. Tal situación se evidenció numéricamente. Durante aquellos años la arena política estaba dominada por cuatro partidos: la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), el Partido Popular Cristiano (PPC), Acción Popular (AP) e Izquierda Unida (IU), en su totalidad estos representaban en las elecciones presidenciales de 1985 el 97 por ciento de los votos, mientras que para 1995 alcanzaban solo el 6 por ciento. Estas cifras dejan ver cómo los partidos tradicionales empezaron a perder su poder de representación en la sociedad peruana. Tal situación se puede entender debido a la desconfianza de la población con los partidos, y su desempeño en el manejo del país. Si bien el retorno a la democracia, luego de un gobierno militar que permaneció en el poder durante 12 años (1968-1980), era vista como una situación muy esperanzadora debido a la alta participación política en las elecciones de 1980, pero también en la elección de la asamblea constituyente un año antes. En aquella elección, de 1980, la partición alcanzó el 90 por ciento del electorado. Parecía ser un indicador de que el sistema de partidos, y su capacidad de representar a la nación no había sido afectada luego de la dictadura militar. Sin embargo, siguiendo a Pease (2003), la transición no se basó en un amplio acuerdo entre partidos, situación que originó un pluralismo polarizado el cual se creía que era un sistema de partidos (p. 40). Continua Pease, la gente culpó a todos los partidos de la situación (hiperinflación y subversión), persistió en la distancia política-ciudadano, “se apeló a lo que oligarcas, funcionarios, empresarios y militares predicaban prexistentemente: hay que buscar un ‘mesías’ por fuera de los partidos” (p. 40). Es así como, ante tales motivos, se vio como los partidos perdieron progresivamente su poder y dieron paso a que surjan alternativas políticas de representación como el tsunami Fujimori, el cual abordaré a continuación.
La tendencia a nivel nacional, como menciona Carlos Reyna (2000), era clara desde 1985 debido a la progresiva disminución de ciudadanos que acudían a las urnas. No solo eso, sino que también entre aquellos que sí lo hacían un porcentaje cada vez mayor optaba por opciones independientes antes que por los partidos o simplemente no optaban por nadie. Las elecciones de 1990 fueron sorpresivas debido al rápido ascenso de un candidato que faltando solo dos semanas para celebrase los comicios generales, crecía en promedio del 1,5 por ciento diario: Alberto Fujimori, encabezando Cambio 90, llegó a disputar la segunda vuelta tras alcanzar el 29,09 por ciento de los votos, frente al 32,5 por ciento del FREDEMO, encabezado por Mario Vargas Llosa. A este rápido ascenso electoral del ingeniero agrónomo, con su peculiar forma de hacer su campaña electoral, se le conoció como el tsunami Fujimori. Es así como Fujimori se convierte en el outsider de aquella elección presidencial, sin embargo no era una situación totalmente nueva, pues un año antes, en las elecciones municipales, un outsider si hizo del sillón municipal de Lima: Ricardo Belmont, quien ganó con el Movimiento Obras.
Después de repasar esta compleja década, intentaré explicar el colapso del sistema de partidos políticos en el Perú. Para ello, es importante entender que la mera existencia de partidos políticos no garantiza que cumplan con sus principales funciones ni que operen en un contexto plenamente democrático. Por el contrario, como sugiere Pease (2003), se trata de una "democracia tutelada", en la que, tras la dictadura militar, la realización de elecciones generales y limpias no es suficiente para consolidar firmemente la democracia como régimen político (p. 33). De igual forma, incluso en medio de la crisis los sistemas de partidos pueden subsistir, pero que persistan no significa que estén consolidados (Tanaka, 2010).
Henry Pease (2003), en contraste con Martín Tanaka quien sostiene que la crisis de los partidos políticos comienza en la década de los noventa con el fujimorismo, sostiene que esta crisis comenzó mucho antes. Explica que la crisis de los partidos en la década de los noventa se debe a la debilidad institucional histórica de estos. Para esto señala que el primer presidente civil fue electo cincuenta años después de la independencia nacional. El Partido Civil, si bien construyó una toda una red política en el interior del país e intentó crear estructuras partidarias, estas correspondían principalmente a relaciones personalistas y de intereses particulares. Este es un antecedente histórico respecto a la representación política en el país.
Las últimas elecciones presidenciales han seguido la lógica del outsider. En 2000, tras la pretensión de Fujimori de seguir en el poder, surge Alejandro Toledo como nuevo outsider con su partido Perú Posible. Luego, para las elecciones de 2006, surge Ollanta Humala como nuevo outsider con el Partido Nacionalista, el cual pasa a segunda vuelta con Alan García. Este último gana a pesar de su antecedente en el más alto cargo político del país, pero venció a Humala más por el temor que este generaba en el electorado debido a su cercanía a Chávez en Venezuela. Sin embargo, en las elecciones de 2011, Humala vence en segunda vuelta a Keiko Fujimori tras un acuerdo político con las otras fuerzas opositoras al fujimorismo. Para las elecciones de 2016 resulta ganador Pedro Pablo Kuczynski tras enfrentarse en segunda vuelta con Keiko Fujimori. Por último, en la última elección presidencial en 2021, de manera similar a lo que fue Alberto Fujimori en 1990, aparece un nuevo outsider, Pedro Castillo, con el partido Perú Libre, quien escaló en la preferencia electoral en las semanas previas a la elección. Como se evidencia, ningún partido que resultó ganador en las elecciones ha vuelto a hacerse del gobierno. En cada nueva elección resultó ganador una lista la cual no tenía mayor experiencia política en el pasado, con excepción del APRA por el motivo señalado líneas arriba. Estas agrupaciones partidarias no fueron capaces de mantenerse en competencia en el largo plazo. Como señala Tanaka (2010), los partidos pierden y gana elecciones, y los electores premian o castigan con sus votos el desempeño gubernamental. Si no ganan, tienen la esperanza de en una próxima elección ganarlas, luego del debilitamiento del partido de gobierno. Continúa el autor, quienes se degastaron y perdieron, entonces necesitaran para volver al poder una recomposición y renovación. Esto que parece tan obvio, no se da en Perú.
Recientemente se han visto partidos que luego de perder las elecciones dejan de existir, o si logran sobrevivir a más de una elección no es porque hayan consolidado una estructura partidaria coherente, sino que el partido es formado por una coalición de independientes (Zavaleta, 2014). Luego de que los partidos colapsaran, los candidatos encontraron nuevas estrategias que les permitieran ganar elecciones sin estos, estas alternativas eran cambiar de partido o utilizar sustitutos partidarios (Zavaleta, 2014).
Al ver que no era necesario contar con un partido de amplias bases para poder ganar elecciones, sino que bastaba con un liderazgo personalista, no se generaron los incentivos necesarios para el fortalecimiento de los partidos ni mucho menos para formar cuadros dentro de estos que puedan competir por el poder en elecciones futuras. Es así como se explica por qué los partidos políticos en el Perú no han logrado resurgir desde 1990, principalmente por la falta de incentivos para estos mismos.
A manera de conclusión, la crisis de los partidos políticos se fundamenta en la desconfianza del electorado frente a la participación de estos en el manejo de país, principalmente en el contexto de la década de 1980, como se desarrolla líneas arriba. Pero eso no es lo único, la falta de incentivos para los candidatos de formar partidos estables y de amplias bases dejaron de ser su prioridad debido a nuevos caminos que simplificaron esta empresa, pues ya no era necesario contar con un gran partido para llegar al poder. Belmont y Fujimori representaron esta idea, llegaron al poder sin experiencia previa y sin mayores respaldos partidarios. Sencillamente, se apoyaron en las circunstancias y la canalizaron mediante su desvinculación partidaria para capturar al electorado desconforme con los tradicionales partidos políticos. Situación que siguió reproduciéndose en las elecciones de 2006, 2011, 2016 y 2021.
Bibliografía
Pease, Henry. (2003). La autocracia fujimorista. Del Estado intervencionista al Estado mafioso. Lima: PUCP.
Reyna, Carlos. (2000). La anunciación de Fujimori: Alan García, 1985-90. Lima: DESCO.
Tanaka, Martín. (2010). Los espejismos de la democracia: el colapso del sistema de partidos en el Perú, 1980-1995, en perspectiva comparada. Lima: IEP.
Zavaleta, Mauricio. (2014). Coaliciones de independientes, las reglas no escritas de la política peruana. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.