18/10/25

La virtud, fortuna y prudencia

Aristóteles establece una estrecha relación entre las virtudes, la fortuna y la vida buena (eudaimonía), particularmente en el espacio público, lugar donde se desarrolla la acción política. Según él, una vida buena es el resultado de vivir virtuosamente, al mismo tiempo, ser virtuoso implica actuar de forma moderada.
Sin embargo, no es posible desarrollar una vida buena debido a que, en el transcurso de esta, no siempre se puede tener el control absoluto de las situaciones a las que debes enfrentar, por lo que, para una vida buena, es importante prestar atención también a otros factores externos como la fortuna (tyché). A continuación, intentaré explicar con mayor detalle lo anteriormente mencionado.

Aristóteles.


    Para Aristóteles, la eudaimonía no es solo es objeto de una vida virtuosa, sino que también depende de ciertas condiciones externas, como la riqueza, la salud o las relaciones personales. Es así como la fortuna puede desempeñar un papel importante debido a que esta es la que proporciona las circunstancias necesarias para el ejercicio de las virtudes. Sin una base material mínima o una relativa estabilidad, es difícil para una persona dedicarse al cultivo de las virtudes o participar activamente en la vida pública.

  Sin embargo, Aristóteles no concibe a la buena fortuna como el factor determinante para la eudaimonia. Pues, el desarrollo de las virtudes, y el desarrollo de la prudencia, permite a las personas tener agencia sobre sus vidas. Por tal motivo, la persona prudente podrá enfrentar las disposiciones de la fortuna, sea para bien o para mal. Pueden existir situaciones que no se han elegido, pero es deber del prudente actuar y tomar decisiones que en cualquier circunstancia traten de estar más cerca a la eudaimonía y, a la vez, más lejos de la infelicidad. Por ejemplo, alguien prudente será capaz de sobrellevar adversidades con dignidad y aprovechar las oportunidades favorables para contribuir al bien común. Dejarse a la tyché implicaría que se dejemos de decidir, de razonar y de participar. Por estos motivos no sería una buena forma de vida.

    Alcanzar una vida buena no sería posible si se pretender hacerlo fuera de la polis. La eudaimonia es para Aristóteles una forma de vida, cuyo fin supremo es la búsqueda del bien común, el cual se superpone por sobre cualquier bien del individuo. Y, el bien general se puede lograr mediante la práctica de la política como forma de organizar la vida de las personas. Además, para participar plenamente en el ágora, es esencial adquirir virtudes éticas como la justicia y la valentía.
Además, como mencioné líneas arriba, también es necesario practicar virtudes dianoéticas como la prudencia y la sabiduría. Estas virtudes no solo perfeccionan al individuo, sino que también promueven la armonía y el bienestar colectivo en la polis. Los ciudadanos que cultiven estas virtudes podrán participar satisfactoriamente en el ágora, pues tomarán las mejores decisiones en busca del bien universal, mediante el discernimiento.

La phronesis juega un rol central en la acción política, ya que es la virtud que permite deliberar correctamente sobre aquello que es bueno y justo para la comunidad. El ser racional, para Aristóteles, es aquel que equilibra la razón y las pasiones. En ese sentido, el virtuoso no podrá actuar en contra de la razón, pero tampoco de sus pasiones, es decir, implica encontrar un equilibrio dialógico entre estos. Ser prudente nos debe llevar a tomar en cuenta las leyes o principios universales, pero también realizar el examen de la situación en particular en la cual se pretende actuar. Solo así se puede actuar prudentemente.
La prudencia, al ser una virtud, no es natural al ser humano, pues esta se adquiere mediante la práctica. Por lo tanto, será más prudente aquel que obre buscan aquel equilibrio diálogico entre pasión y razón. Actuará con mayor prudencia, aquel que se enfoque en tomar decisiones concretas, motivadas a partir de la experiencia, pero también del juicio de lo que considere correcto.



    Ya para terminar, en el accionar político, la prudencia debe de guía a los líderes y ciudadanos hacia decisiones que no solo sean justas, sino también adecuadas a las circunstancias cambiantes. Para esto es necesaria una deliberación adecuada, en esto la prudencia permitirá evaluar las opciones disponibles y elegir la más beneficiosa para la comunidad. Por ejemplo, para aplicar la justicia distributiva es necesario decidir prudentemente para elegir bajo qué criterios asignar los bienes, ya sea por la razón de igualdad, de méritos o de acuerdo con las necesidades. Por otor lado, un político prudente debe de adaptarse a los cambios que trae la fortuna, para manejar la situación y siempre buscar el bien común.

La vida buena es aquella donde las virtudes individuales y la participación activa en la vida pública se complementan. La fortuna no escapa de esta, sin embargo las virtudes, especialmente la prudencia, permiten enfrentar los desafíos de manera racional y ética. En el ámbito político, el ejercicio de la prudencia es importante para cuidar la acción y las decisiones que impactan tanto a los ciudadanos, todo con el fin de alcanzar la eudaimonía como forma de vida.

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